Poble Sec

Pondré el sofá mirando a la pared. Me sentaré e imaginaré cuánta gente ha pasado por aquí antes. ¿Quién puso ese papel en la pared? ¿Quién lo sacó? ¿Qué había antes? Oigo y huelo el café que empieza a derramarse. Por lo menos es vitrocerámica y es más fácil de limpiarlo después. Siempre me da la sensación de que entro en la cocina pero, en verdad, nunca lo hago. El suelo delimita una pared hecha de imaginación porque quería tener cuanta más luz, mejor. Sin embargo, hay otras puertas que sí son tangibles y que con mucho cuidado se han mantenido tal y como eran. Se lijaron, sellaron y pintaron y se mantuvieron los cuarterones. Eso sí, estas puertas enmarcan cristales nuevos porque odio pasar frío en invierno y adoro aislarme del mundo. Las vigas, al igual que la pared, muestran el esqueleto de mi hogar pero ellas son un poco más pudorosas y se han vestido de blanco. Tomaré el café en el balcón, como de costumbre, y pensaré en cuánta gente ha pasado por estas calles en todos este tiempo. Este barrio de Poble Sec que ha visto y ve tantos cambios. Me gusta divagar sobre la historia y sobre cómo siempre, si miras atentamente, puedes encontrarla ahí, frente a ti.
Me doy la vuelta y soy consciente de que hay alguien conmigo, le grito a la persona que está en mi casa.
—¿Pero qué haces aquí?
— Soy el de la inmobiliaria. Hemos entrado juntos. ¿Le interesa la casa, entonces?